Minutos con el Rector General

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En la pascua 2020, inicio del segundo trienio en el servicio de rector general de UNIMINUTO

 

“Esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza” (Pascua, abril 2020)

Papa Francisco

 

Gratitud con el pasado y el presente, sentido de cambio en todo y para todos: un futuro lleno de esperanza.

 

Tres años parecen mucho, y al mismo tiempo son poco, en la dimensión inacabada de seguir construyendo el proyecto educativo que hoy por hoy es UNIMINUTO, una institución de educación superior al servicio de los más necesitados, de la sociedad en general, y del mundo, que busca la excelencia académica y formar buenos seres humanos competentes y socialmente responsables, y que, a su vez, genera impactos en las comunidades y transformaciones en los territorios donde hace presencia. Nuestro actuar misional no cesa, cada vez cobra más sentido, está más vigente que nunca, y más ahora en estos tiempos turbulentos, de incertidumbre y desasosiego que nos ha traído la pandemia del covid 19.

Es en este contexto de crisis sanitaria que recibo el beneplácito, la confianza del Consejo de Fundadores para continuar al frente de UNIMINUTO, en el rol de rector general, para seguir ejerciendo un liderazgo adaptativo, transformador, visionario, creativo, compartido, lleno de confianza en todos, estudiantes y colaboradores académicos y administrativos, un liderazgo motivado, para generar las condiciones que favorezcan cambios disruptivos, llenos de fe y esperanza, para aprovechar las oportunidades en medio de la adversidad, y para mitigar los riesgos inherentes a estas complejas circunstancias. En alguna parte leí que “…la gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana …”, y es a partir de esta frase que quiero compartir algunas reflexiones.

 

  1. Memoria agradecida siempre

En primer lugar, agradezco a Dios, encarnado en Jesús y al Espíritu Santo, a la Virgen María, a San Juan Eudes, al padre Rafael García Herreros, a la vida, a mi familia, a la comunidad eudista, al Consejo de Fundadores, particularmente al Padre Diego Jaramillo Cuartas (presidente de la Organización Minuto de Dios) y al padre Camilo Bernal Hadad (Provincial de los eudistas del Minuto de Dios), a los estudiantes y egresados, a todos los colaboradores de UNIMINUTO, profesores y personal administrativo, a amigos, aliados, benefactores y a todos aquellos que de alguna forma han contribuido en la gestión de los últimos tres años. Me llena de gratitud mirar atrás y ver resultados institucionales en todos los ámbitos de su quehacer, pero sobretodo, tantos sueños materializados, tantas ilusiones hechas realidad, ver en los ojos de los jóvenes que pasan por nuestras aulas esa satisfacción del éxito académico al graduarse, éxito que seguramente redundará en mejores condiciones para ellos y sus familias; esas sonrisas de padres, familiares y amigos agradecidos y orgullosos por un logro personal y académico, y del cual debemos seguir siendo responsables a lo largo del vida, ofreciendo toda clase de servicios para mantener o fortalecer la solidez de ese vínculo con el alma mater. Es entonces el gozo de sentir que el deber misional se está cumpliendo, que transformamos vidas, y eso nos debe motivar de alma y corazón a trabajar día a día para hacer de UNIMINUTO una institución diferente, a la altura de los desafíos presentes y futuros, a levantarse todas mañanas con la ilusión de aportar a este proyecto de Dios en la Tierra, de hacer un mundo mejor, más justo, equitativo y sostenible, a “cuidar la casa común”, como nos lo indica el Papa Francisco, y a acostarnos en las noches, pensando concienzudamente en lo mucho que hicimos pero sobre todo en lo que nos falta por hacer.

 

  1. Los retos que “el mundo de la vida” nos coloca

Es ese reto permanente el motivador de los próximos tres años, un trienio para trascender, para vivir por y para el cambio, estando abiertos y dispuestos de mente y espíritu a los vaivenes que el servicio a los más necesitados y vulnerables demanda. Es por ello, que en medio de la pandemia del Covid-19, y con esta reflexión de gratitud por el pasado y el presente, y de antesala al futuro, recuerdo las palabras del padre Rafael García Herreros, …“Nuestra vida en el mundo, distraída por el cúmulo de atracciones, de ocupaciones, de quehaceres, de actividades, de fascinación, de intereses del mundo moderno … ocupada en el trabajo, en la cultura, en el deporte, en el descanso, …, en las preocupaciones de lo temporal … y, sin embargo, siendo llamada continuamente por una voz suave e insistente, aparentemente débil, hacia lo santo, hacia lo trascendente..”[1] Y es a ese llamado que hizo evidente el Padre Rafael García-Herreros, a que yo también los invito, a trascender lo cotidiano, lo mundano y lo inmediato, para que con nuestras acciones dejemos huellas indelebles, terrenos fértiles y semillas transformadoras en las vidas de quienes hacen y harán parte de la Institución. En este mismo sentido, el Papa Francisco nos recuerda que “la creatividad del cristiano se tiene que manifestar en abrir horizontes nuevos, en abrir ventanas, abrir trascendencia hacia Dios y hacia los hombres, y redimensionarse en la casa"(Cfr. Entrevista al Papa Francisco sobre la crisis mundial causada por el coronavirus al escritor y periodista británico Austen Ivereigt, abril 2020).

Ante lo incierto del futuro, creo que debemos aferrarnos a la esperanza de que todo va a estar bien o mejor (Génesis 1,31: “Dios miró todo lo que había hecho y vio que era muy bueno”), que tras esta tormenta que nos abate, –haciendo referencia a la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco del 27 de marzo –, llegará la calma, con un escenario tal vez distinto, pero al que tendremos que adaptarnos como seres humanos desde ahora. Sigámonos preparándonos en estos días de aislamiento social, apoyados en la fortaleza del Espíritu, en cercanía con Dios y en la razón, para encontrar en la adversidad las oportunidades, para dejar de un lado, las trivialidades, los caprichos, las obstinaciones y los apegos al pasado sin fundamento, convencidos de que el cambio es inminente, y que, si no lo hacemos, estaremos condenados a tal vez reducir nuestra capacidad de generar impactos, o simplemente a correr el riesgo de desaparecer.

Sin llegar a ser fatalista, sin caer en el vacío del pánico, el llamado urgente es a mirar el presente y futuro con optimismo y prudencia, siempre con una disposición positiva a transformarnos desde adentro (“conversión que tenemos que hacer. Y si no empezamos por ahí, la conversión no va a andar”, entrevista al Papa Francisco por el conoravirus por parte de Austen Ivereigt, abril 2020) para seguir brindando respuestas pertinentes al entorno desde la educación, garantizando nuestra oferta de valor a la sociedad, nuestra razón de ser, y siempre conservando esa identidad misional que tiene en la situación actual, más fuerza, vitalidad y sentido. 

Tal vez como un vaticinio de los cambios que necesitamos como Institución, como país y como humanidad, impulsados quizá aún más por esta contingencia que vivimos, la Ruta 2020 “Actuar hoy para un futuro esperanzador” concibe a “UNIMINUTO como proyecto de Dios para la sociedad colombiana”, … que “ …mira el futuro con una fuerza esperanzadora, el cual no se ancla en un tiempo incierto y vacío, sino en la certeza de seguir transformando vidas, como decía Benedicto XVI en su carta encíclica Spes salvi (en esperanza fuimos salvados): “Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva”.

“Mirar a UNIMINUTO con un futuro esperanzador es darnos la oportunidad de pensar distinto, de soñar distinto, de hablar y actuar distinto, no con la imaginación utópica y quimérica de ideales, sino de la conciencia de un presente, que, aunque fatigoso, nunca pierde de vista los propósitos y metas que justifican el esfuerzo del camino. El futuro esperanzador se comprende también desde la fe puesta en el Dios que nos habla al corazón y nos enseña que no somos los únicos en abrir brechas y construir caminos, muchos hombres y mujeres que han estado y estarán en esta Institución, y que han sido inspirados por el ideal de un sacerdote que fue amante de Jesucristo, de los hombres y de la patria, también han sido constructores de puentes de esperanza, cuyos sueños se han convertido en hechos y realidades.

Esta mirada esperanzadora, nos compromete desde una responsabilidad y convicción profunda en generar un mundo mejor, de seguir proponiendo una educación que dignifique la naturaleza integral del ser humano…”.

De otro lado, muchas de las alternativas que se formulan recientemente desde diversas fuentes y autores para afrontar la realidad de la educación superior en el corto y mediano plazo tras la pandemia del coronavirus, están concebidas en el Plan de Desarrollo 2020-2025, “Aprendizaje para la transformación”. Cabe recordar que estos aprendizajes para la transformación “son procesos intencionados, organizados y cualificados que buscan promover cambios en el estudiante y en sus entornos socioeconómicos y culturales, para contribuir a la construcción de un mejor futuro según las demandas de la sociedad, con una visión local y global, de manera competente, con criterios éticos y socialmente responsables[2]”, y de ahí, deriva el nombre de la nueva apuesta estratégica de UNIMINUTO de los próximos seis años, y que bajo el contexto actual cobra aun mayor significación.

Entre estos documentos que circulan incesantemente por estos días, llamó particularmente mi atención, uno donde identifiqué cierta alineación con nuestra visión de largo plazo contenida en el Plan de Desarrollo. Este documento se titula “COVID-19 y educación superior: De los efectos inmediatos al día después” del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) publicado el 6 de abril de 2020. Los autores del texto exponen un sinnúmero de análisis de impactos previsibles en estudiantes, profesores, personal no docente, instituciones de educación superior y sistemas educativos, para luego, hacer un recuento de algunas políticas públicas y respuestas institucionales ante la pandemia; y finalmente, formulan recomendaciones de estrategias del orden nacional e institucional, y es ahí, donde quiero hacer un especial énfasis.

De un lado, el texto invita a que, desde el plano institucional, se centre “la atención, …, en cómo gestionar los procesos, en particular la continuidad formativa, durante la crisis e inmediatamente después y, …, aprovechar las lecciones aprendidas para reflexionar sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje en la educación superior”[3]; y, de otro lado, desarrolla los siguientes cinco ejes de acción:

“…1. Anticiparse a una suspensión de larga duración, centrando los esfuerzos en asegurar la continuidad formativa y garantizar la equidad, generando mecanismos de gobierno, monitoreo y apoyo, eficientes.

2. Diseñar medidas pedagógicas para evaluar formativamente y generar mecanismos de apoyo al aprendizaje de los estudiantes en desventaja.

3. Documentar los cambios pedagógicos introducidos y sus impactos.

4. Aprender de los errores y escalar la digitalización, la hibridación y el aprendizaje ubicuo.

5. Promover la reflexión interna sobre la renovación del modelo de enseñanza y aprendizaje…”[4].

En mi criterio, el contenido de estos ejes, están inmersos tal vez, en todas las líneas estratégicas del Plan, pero hacen mayor eco en sus líneas centrales, a saber: 1 (Evolución del aprendizaje con calidad), 2 (Efectividad en la retención), 3 (Innovación en la pertinencia), 4 (Desarrollo de la virtualidad) y 5 (Crecimiento con impacto social); e involucra, por supuesto, a sus líneas transversales[5], las cuales enmarcan procesos, recursos tecnológicos, financieros, físicos y de conocimiento y capital humano, claves para el cumplimiento de la estrategia, de la eficiencia y de la cultura de la calidad y del desarrollo de capacidades.

A partir de lo que tenemos y de lo que somos, sustentados en nuestras apuestas del corto y del largo plazo, consignadas en la Ruta 2020 y en el Plan de Desarrollo 2020-2025 respectivamente, y de nuestra misión, es que reitero esta invitación a todos los que hacemos parte de UNIMINUTO a trascender, a cambiar, a adaptarnos a estas nuevas realidades y dinámicas que no solo nos trae la pandemia, sino la Cuarta Revolución Industrial y otras transformaciones que se presagian, a trabajar con iniciativa y proactividad por las oportunidades, a gestionar los riesgos, y a actuar con prudencia, pero con la plena esperanza, confiados en Dios, de que el futuro será mejor para todos.

Jesucristo el Señor ha resucitado, y en tiempos de covid 19, tiempos de cambios profundos, personales y sociales, la resurrección toma un nuevo significado, ya no desde la cruz ni mucho menos desde el sepulcro sino desde la Gloria a la derecha del Padre, ¡Él nos dice, nos grita…No teman!! Yo he vencido el dolor, el sufrimiento y la muerte ya no tiene la última palabra. Todo va a estar bien.

¡Feliz Pascua de Resurrección para todos y para sus familias! 

 

 

Que el buen Dios los siga bendiciendo a todos,

 

P. HAROLD CASTILLA DEVOZ, cjm

Rector general

UNIMINUTO


[2] UNIMINUTO (2020), Plan de Desarrollo 2020-2025 “Aprendizajes para la transformación”.

[3] UNESCO (2020), COVID-19 y educación superior: De los efectos inmediatos al día después. Análisis de impactos, respuestas políticas y recomendaciones, página 40.

[5] Las líneas estratégicas transversales del Plan de Desarrollo UNIMINUTO 2020-2025 son: 6) Consolidación del sistema universitario y de su talento humano; 7) Gestión académica eficiente; 8) Infraestructura educadora; 9) Transformación digital; y 10) Sostenibilidad financiera. Fuente: Gerencia de Planeación y Desarrollo Institucional.